10 años de la desaparición de Rosanny Sabrina Lozada

Para la opinión pública fue un titular de prensa, para padres y representantes una advertencia, para las autoridades un caso que se encangrejo y para sus padres un dolor que solo cesara el día de sus muertes.
Se trata de la desaparición de la para ese entonces niña Roxany Sabrina Lozada. La cual fue vista por última vez un 21 de diciembre del año 2006, en Santa Cruz de Aragua, municipio Lamas.

Han transcurrido 10 años, de ese Jueves del espíritu de la navidad. ¿Que mejor fecha para poner la casa en orden? Meurys Lozada lo sabía y por ello dispuso su tiempo para ello. Mientras tanto su hija Roxany Sabrina de siete años de edad, ansiosa de la llegada del niño Jesús solo pensaba en ese momento en los juegos de computadora. Con la fiebre del Internet y sin un computador en casa, le pide permiso a su madre para ir al ciber cercano del hogar. Petición a la que Meurys accede, en el ciber se encuentra a tan solo 50 metros de la puerta. “Valla pues pero solo media hora y se viene”. Fueron las últimas palabras entre madre e hija.
El presentimiento no se hizo esperar. “Meurys paro la lavadora en seco y dijo voy a buscar a la niña, con un aplomo que demostraba el sentir de algo malo”.
Así lo recuerda Graciela Lozada tía de la niña “los propietarios del local respondieron que no la habían visto en todo el día”.
Desde entonces comenzó el vía crucis, la tragedia familiar, los mensajes de texto con informaciones falsas, las noticias, las entrevistas, los viajes a otros estados del país ante llamadas que daban fe de la presencia de la niña.
Roxany era una pequeña tranquila, de piel clara, cabello largo, ojos grandes color café y delgada, su fotografía yace en la página de la Interpol y aunque hoy ya cuenta con 17 años, en su casa muñecas, su ropa y su familia la esperan.
Con la neutralidad que da el dolor en estos casos Meurys dice “ya tengo un dinero guardado porque cuando regrese me tocara cómprale ropa a mi flaca esta ya no le va a servir”.
El caso de Roxany es un misterio. Como llaman en la policía, “un cangrejo”. Desaparecida de la manera más insospechada, sin rastros, sin pistas, sin un por qué, dejando abierta las posibilidades de su regreso en una profunda herida que no cicatrizara jamás.

“Los desaparecidos no pertenecen al mundo de los vivos ni de los muertos”.

Laura Hernández es una psicóloga especialista en situaciones de violencia. Ha tratado a víctimas de accidentes, abuso doméstico, abusos sexuales. Ha visto mucho. Pero reconoce que la situación que pasan los familiares de desaparecidos es la más compleja que conoce. “Los desaparecidos no pertenecen al mundo de los vivos ni de los muertos. Y sus familiares están condenados a moverse entre la esperanza de que algún día aparezcan y la desesperanza más negra. Yo lo llamo pérdida ambigua; un trauma que no se cierra”.

-¿Es posible que esas familias superen la desaparición?

-A veces el tiempo da serenidad; se habitúan; manejan mejor esa pérdida, pero todo eso no reduce ni el dolor ni la ausencia. No son familias normales. No son profesionales normales. Son una raza aparte. El vínculo que se crea entre ellos es indestructible. Detrás de cada desaparición está la tristeza más profunda y un desasosiego que nunca cesa. Una desaparición es algo antinatural. Incomprensible. Que no se asimila. Una nube espesa que instala una incertidumbre permanente en la vida de los que las padecen. De cualquier edad, profesión y condición social. Físicamente provoca desde dolores crónicos a un insomnio permanente; depresión, ansiedad, irritabilidad y una absoluta imposibilidad para concentrarse. Una desaparición es una herida que no cicatriza. Peor que la muerte.
Fuente: El Clarín

Martin Flores

Licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, estado Zulia. Es autor de varias obras Literarias, como haber realizado diversos Documentales y videos institucionales, así como haber trabajado en diversos medios tanto impresos como digitales.

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