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La economía y no la raza es ahora el factor clave para votar en Sudáfrica

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Cyril Ramaphosa dirigirá el país durante un nuevo mandato con mayoría en el parlamento

Cuando Ramaphosa sustituyó al polémico Jacob Zuma al frente del país, el pesimismo imperante dio paso a cierta esperanza. La anterior Administración había dilapidado el legado de Nelson Mandela, corrompido las instituciones y, en definitiva, había perdido el respeto de sus votantes. «La ANC ha gobernado durante años bajo sus propios intereses, especialmente durante la etapa de Zuma, y no hablo de gobernar para sus votantes si no para un determinada élite», explica a ABC la politóloga sudafricana experta en conflictos y elecciones Sheila Meintjes.

Veinticinco años después del final del sistema de segregación racial, Sudáfrica sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo; el apartheid fue derrotado políticamente pero su herencia pervive tanto geográfica como económicamente. «A pesar de tratarse de un partido corrupto, mucha gente todavía vota a la ANC, pese a estar enfadados y desencantados, porque creen que si votan a otros partidos -excepto quizás por los Combatientes por la Libertad Económica- perderán sus derechos. Unos derechos logrados, en parte, por la lucha del partido de Mandela», explica Meintjes.

Un cuarto de siglo después de la celebración de los primeros comicios libres, los patrones de votación muestran en cierta medida el lastre del apartheid en una sociedad multirracial. Sin embargo, tal y como explica Meintjes, hoy la gente vota más de acuerdo a sus necesidades e intereses que por el componente racial. Actualmente es más un tema de clase que de raza. «El principal problema que divide a la sociedad en términos de propiedad es que la mayoría de los activos productivos siguen estando en manos de los blancos», aseguró la experta.

A la existente correlación entre voto y raza, se aprecian algunos cambios notables motivados por factores emocionales e intelectuales que han roto con la tradición en las últimas elecciones.

«Partido negro»

«Por supuesto, hay una gran mayoría de personas negras que votan por la ANC, pero hay una minoría de personas blancas que han votado por Ramaphosa, algunas provienen de la generación post-apartheid», señaló. Asimismo, dijo que no es correcto decir que la ANC sea un partido negro porque ellos están comprometidos con ser una plataforma no racial y no sexista.

En referencia al apoyo que llega de otros grupos étnicos, se trata de un tema meramente ideológico: «muchos blancos han votado a la ANC por su programa socialdemócrata, por sus políticas para abordar la pobreza, proporcionando a los más desfavorecidos una red de seguridad consistente en pensiones, viviendas, ayudas».

Otra de las razones que ha llevado a muchos blancos a votar por primera vez al partido es su líder, Ramaphosa. El exsindicalista fue una figura central en la lucha contra el apartheid y, aparentemente, el favorito de Mandela para sucederle como presidente. Sin embargo la llegada al poder de Thabo Mbeki provocó que abandonara temporalmente la política y se convirtiese en uno de los hombres más ricos del país trabajando estrechamente con poderosos dueños de negocios blancos.

El voto blanco

La popularidad de Ramaphosa entre la comunidad blanca en particular ha abierto la posibilidad de que su partido recupere el terreno perdido en las ciudades más ricas de Sudáfrica. Sin embargo, la postura de la ANC respecto a la expropiación de tierras sin compensación -clave para apuntalar el apoyo de las bases tradicionales del partido- ha dinamitado una mayor movilización a su favor entre el voto blanco.

Esta polémica medida, impulsada por el partido los Combatientes por la Libertad Económica (EFF, por sus siglas en inglés), y de la que incluso Donald Trump se hizo eco a través de Twitter, ha sido una arma de doble filo tanto para la ANC como para los principales partidos de la oposición. La prudente postura de Ramaphosa ha implicado un trasvase de votos hacia el EFF, mientras que la falta de claridad del principal partido de la oposición, la Alianza Democrática (AD), (históricamente asociado al voto blanco de centro y liberal), le ha hecho perder apoyos (firmando un discreto 20,77% frente al 22,23% logrado en 2014) en favor de partidos más minoritarios como el Partido de la Libertad Inkatha (IFP) o el Frente de la Libertad Plus (VF Plus), cuarta y quinta fuerza política respectivamente.

Esto unido a la mala gestión de la AD al frente del ayuntamiento de Johannesburgo no solo ha frenado su ascenso si no que le ha hecho perder cerca de 400.000 votos en cinco años.

El voto negro también se ha repartido en estas elecciones rompiendo los moldes. Un número creciente de votantes sienten que el partido de Mandela ha traicionado su búsqueda del empoderamiento de los negros y se ha vuelto corrupto y nepotista. De ahí que su partido haya perdido cinco puntos respecto a las últimas generales, en las que firmó un 62,15% y explicaría la notable subida del EFF, con un discurso más populista y radical. Con solo seis años de vida, este partido de izquierdas fundado por Julius Malema tras ser expulsado de la ANC, es la tercera fuerza política del país con el apoyo del 10,79% y más de 1,8 millones de votantes, la gran mayoría son jóvenes de raza negra.

Otro síntoma de que el factor racial ya no es tan determinante en Sudáfrica es que la AD ha apostado por un cabeza de lista negro por primera vez, Mmusi Maimane, lo que ha atraído a una minoría creciente de voto de sudafricanos negros. El marco político en general está cambiando, hay un retroceso en la influencia de las lealtades tradicionales sobre el voto, lo que podrían dar forma a una nueva generación de políticos. Si Ramaphosa quiere gobernar para todos los sudafricanos debe llevar a cabo una profunda en su partido.

 

Fuente: ABC