* * La épica revolucionaria de la caja Clap – Noticia Global

La épica revolucionaria de la caja Clap

Spread the love
El régimen de Maduro quiere construir la épica de los Clap. Lo intenta en diarios rusos de lectura global. Se construye ahí un relato de una Venezuela víctima del bloqueo de los Estados Unidos que persigue acabar con el programa de alimentos subsidiados. Pese a todo. El pueblo resiste. El régimen resiste. Maduro resiste. Y las bolsas y cajas Claps, siguen, seguirán.
Un extenso reportaje publicado en el diario Sputnik ya al comienzo da cuenta del volumen del programa, “a pesar del bloqueo”. No se puede negar que el texto está bien estructurado. Pero…

Allí se informa que:

Que en 2016 se repartieron, cifras oficiales, 26.567.786 cajas.

Que en 2019 se han repartido 42.086.449 unidades.

Son 6.000.000 de familias las beneficiadas.

Aquí ya se presenta la primera inconsistencia. Esta cifra de seis millones de familias favorecidas no es nueva. La viene afirmando Nicolás Maduro desde hace más de un año. Hay que preguntarse cómo es que aumenta el volumen de cajas y se mantiene el número de familias. Porque tampoco es que la periodicidad del reparto haya subido. Por el contario, ha bajado. Se recordará que este fue un tema discutido en las recientes jornadas de reflexión del PSUV. Las irregularidades en torno a la distribución de las cajas.

Se expone este espíritu de resistencia para hacer el contraste con las sanciones impuestas por los Estados Unidos. Contra PDVSA, contra el Banco Central, contra Citgo. Contra los buques que cargan petróleo. No se dice de la baja en el bombeo de petróleo. Ni de la crisis de la industria petrolera, aspecto reconocido hasta por el presidente ruso, Vladímir Putin, en la rueda de prensa en la que habló de todo sobre Maduro y Venezuela. Se expone que PDVSA aporta el 98% de las divisas del país. No se dice que el chavismo prometió hace 20 años diversificar la economía y acabar con el rentismo petrolero, y que en eso fracasó, o no fracasó porque si el plan es una política de control social, le conviene el rentismo, le conviene el clientelismo, le convienen los Clap, le conviene decir que el imperialismo con las sanciones, ha bloqueado 30.000 millones de dólares que estaban destinados para la compra de alimentos, entre otros, los productos que conforman las cajas Clap.

Queda expresado en el reportaje la otra función que cumple el programa. El control. Solo que para el régimen es organización. De hecho, algunos de los asistentes a la marcha de este sábado 8 así lo expresan. Que se han organizado en Unidades Populares de Defensa Integral. Y aquí ya la épica toma forma. El chavismo que libra una guerra no convencional. Y un pueblo que no se rinde, “que se proclama aguerrido y valiente”Se lee en el texto: “Todos los jefes de comunidad que repartimos el CLAP nos hemos comprometido con la resistencia revolucionaria en caso de cualquier eventualidad”. Y esto incluye el ataque desde afuera, de una potencia, la invasión militar. Es el discurso de Nicolás Maduro. Es el discurso del general Vladimir Padrino López.

Se expone este espíritu de resistencia para hacer el contraste con las sanciones impuestas por los Estados Unidos. Contra PDVSA, contra el Banco Central, contra Citgo. Contra los buques que cargan petróleo. No se dice de la baja en el bombeo de petróleo. Ni de la crisis de la industria petrolera, aspecto reconocido hasta por el presidente ruso, Vladímir Putin, en la rueda de prensa en la que habló de todo sobre Maduro y Venezuela. Se expone que PDVSA aporta el 98% de las divisas del país. No se dice que el chavismo prometió hace 20 años diversificar la economía y acabar con el rentismo petrolero, y que en eso fracasó, o no fracasó porque si el plan es una política de control social, le conviene el rentismo, le conviene el clientelismo, le convienen los Clap, le conviene decir que el imperialismo con las sanciones, ha bloqueado 30.000 millones de dólares que estaban destinados para la compra de alimentos, entre otros, los productos que conforman las cajas Clap.

Ahora, dice el reportaje, los artículos importados “están comenzando a ser sustituidos por productos de la industria nacional”, sin mencionar que una de las empresas es el Grupo Polar, de la que el régimen ha denostado por años.

Yomar España, director de Comunicación del Ministerio de Alimentación, prevé un escenario de importaciones cero, y la alternativa es una caja de alimentos con productos nacionales. El relato insiste en los códigos de la víctima, la resistencia, y la creatividad para enfrentar la situación. Pero no hubo creatividad para mantener a las empresas de alimentos que se expropiaron, ni que produjeran las tierras que también el Estado se tomó para sí.

El chavismo insiste, en que:

Las sanciones bloquearon 30.000 milllones de dólares en recursos.

Si esto fuera así, ¿dónde estaba ese dinero antes de las sanciones? ¿Por qué no se usó para fines productivos? Si el dinero existía, ¿por qué se dejó que la escasez alimenticia de 2017 y 2018 llegara a niveles de crisis humanitaria? Con estos recursos pasa algo similar con lo que se le dijo a Maduro entre 2013 y 2014. Que había plata, alrededor de 45.000 millones de dólares, y cuando buscaron en los entes oficiales, no encontraron. La verdad es que los recursos habían sido saqueados. Ahí comenzó en parte la tragedia del gobierno de Maduro. Los 30.000 millones de dólares de ahora pasan como una consigna más del régimen para echarle la culpa a las sanciones.

También insiste en que hay retenidos al menos 1.200 millones de dólares que iban a ser usados para el pago de facturas de alimentos. “Con ese dinero podríamos importar materia prima para la producción de alimentos o cajas CLAP completamente embaladas por más de dos meses”. Esto declara España, el funcionario del Ministerio de Alimentación. ¿Es posible creerle? Ante el fracaso evidente de las empresas del Estado, la respuesta es negativa. Pero España asegura que “desde que Maduro lanzó el Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica en 2017, hemos puesto en marcha 79 industrias para producir alimentos de la cesta básica”. Se lee que “el funcionario asegura creer en una Venezuela completamente autónoma en el futuro”. Otra promesa de las tantas que envolvieron la consigna de Hugo Chávez de crear una Venezuela potencia. ¿Qué pasó con los motores productivos que prometió Maduro? Maduro también dijo que él mismo se pondría al frente de la política, y lo que pasó es que las empresas básicas de aluminio y acero no producen, y que PDVSA ha llegado a niveles de 700.000 barriles diarios, cuando antes producía cuatro veces más petróleo.

El chavismo insiste en que que las sanciones afectaron las transferencias bancarias.

El tiempo de demora de los buques que transportan los alimentos pasó de 45 días en 2017 a 60 en 2018 y a 147 días en 2019.

Que el Novo Banco “ha rechazado operaciones por el orden de 40 millones de dólares destinados a la importación de semillas y agroinsumos”.

Y que “el banco emiratí Noor Capital ha rechazado la transferencia de 90 millones de dólares provenientes del Plan Nacional de Siembra destinados a los mismos rubros”.

Ahora, el Ministerio de Alimentación admite que “la distribución ha disminuido un 29% en comparación al mes de febrero”. Al admitir este dato, no lo hace de manera gratuita. No señala que es por ineficiencia. No es por la logística. Es para volver sobre el tema de las sanciones. Se sabe que las fallas en distribución no son nuevas. Vienen de mucho antes de las sanciones. Pero este aspecto no se admite. De hecho, se apunta hacia un solo lado: “La bajada en el nivel de distribución la corrobora José Rivero, jefe de la almacenadora Caracas, una de las tres entidades de su tipo que hay en la ciudad y hasta donde llegan diariamente unas 15.000 cajas CLAP provenientes del puerto venezolano de La Guaira, donde se realiza todo el proceso de embalaje”. Dice Rivero, y aquí puntualiza: “Antes de las sanciones a los buques de carga estábamos consiguiendo el objetivo de repartir la caja cada 15 días entre las comunidades. Logramos una media de 17 días aproximadamente. Ahora las estamos repartiendo una vez al mes o un poco más, dependiendo de la zona”. Aquí está la raíz de la queja que salió a flote en las jornadas del PSUV.

El funcionario luego agrega para reforzar el relato de la épica: “El CLAP es una herramienta fundamental de la Revolución porque es un muro de contención ante esta guerra económica que estamos afrontando”.

Se lee en el reportaje que las cajas tienen un precio de 6.000 bolívares. O menos de un dólar. Se afirma que los mismos productos, “cinco paquetes de pasta, tres latas de atún, un kilo de azúcar, un kilo de leche en polvo, medio kilo de caraotas (frijoles negros), un litro de aceite, un kilo de lentejas, un kilo de arroz, medio kilo de harina de maíz y un bote de salsa de tomate”, “en cualquier supermercado de la ciudad, todo eso costaría unos 100.000 bolívares, 20 dólares aproximadamente”.

Se admite que el salario mínimo llega apenas a 7 dólares. Lo cual leído en cualquier parte del mundo debe llamar la atención sobre Maduro y su gestión. Entonces se señala que debido a ese salario mínimo tan bajo, la caja Clap es una solución, porque a una persona que devenga el salario mínimo le resultaría imposible adquirir esos productos en un supermercado. Un lector se acordará de lo que prometió el chavismo. De lo que ha prometido Maduro. Recordará que se habla del socialismo como el modelo que lo soluciona todo. Y también ese mismo lector recordará que Venezuela sufre una devastadora hiperinflación. Pero el mensaje es que para enfrentar este problema existen los Claps y por ello hay que apoyar a Maduro, y que si Maduro deja el poder, pues se acabará también el programa. En el reportaje se afirma que “En el este de la capital, zona de clase media alta y eminentemente opositora se ven cajas vacías tiradas en la calle o en las puertas de sus condominios y los camiones llegan discretos a ese reparto”.

 

Fuente: Konzapata