* * Lorenzo Linares: El precio de un milagro II – Noticia Global

Lorenzo Linares: El precio de un milagro II

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Shalini, la ‘niña serpiente’

En los días posteriores a la salida de «Operación salvar a la niña serpiente» -firmada en Crónica con mi compañera Leyre Iglesias-, yo no sabía ni por dónde empezar.

Lo único que tenía claro era que necesitaba encontrar a gente con corazón, valiente y entregada, dispuesta a ayudar hasta el final sin pedir nada a cambio. Esta gente existe, sí, pero no se ve. No salen en televisión, ni en revistas, ni en los periódicos. Pero existen. Ni siquiera han querido poner cifras a su ayuda humanitaria. «Eso no importa», es la respuesta. «Hay cosas que no tienen precio». Algunos han aportado mucho dinero y contactos. Mis compañeros de EL MUNDO hicieron una colecta. Otros, como los médicos, pusieron toda su sabiduría y su trabajo desinteresado. Y una farmacéutica donó la medicación. Cuantificándolo todo, el coste del tratamiento de Shalini asciende, por ahora, a 27.000 euros. Otras muchas puertas -la mayoría- se cerraron. Durante meses llamé a todas. No hubo más que trabas. Empezando por la propia Embajada de India en Madrid y el Consulado de España en Nueva Delhi. No ayudaron.

La gran suerte, o el destino, quién sabe, llegó a través de una llamada de teléfono. Venía de Valencia. «He leído la historia de Shalini en su periódico, ¿cómo puedo ayudar?», se ofrecía alguien a quien yo no conocía, de nombre Maribel Martínez, empresaria. «Necesitamos de todo», le resumí agobiado…

Mientras tanto yo seguía marcando números y más números de teléfonos, enviaba decenas de correos, los fines de semana, visitaba a gente en la que yo creía (qué error) y repasaba obsesivamente mi agenda en busca de algún nombre que pudiera echar una mano. Nadie quería. «Estaré fuera durante mucho tiempo».

O «¿has llamado a alguna ONG?». Eran las excusas. La decepción iría en aumento tras contactar con una famosa ONG española que trabaja en India y que goza de una gran difusión mediática gracias a la colaboración de actores en sus campañas. «Hablaré con nuestro jefe de campañas internacionales… Le llamaremos, ¿de acuerdo?», prometieron desde su oficina en Barcelona. Siete meses de silencio. Ese palo inesperado pronto se compensaría con la llamada de la veterana y eficaz periodista Mariángeles Rabadán, una bomba de energía. Su agenda no tiene precio. Había conseguido que el propio presidente de la International Medical Academy (IMA), el doctor Miguel Ángel Arráez, hiciera suya esta causa. Y reunió a un nutrido grupo de especialistas con misión de estudiar y ponerle un tratamiento a Shalini. Aquel día de abril, cercana la primavera, acabaría grandioso. Al poco volvió a sonar el móvil y, una vez más, allí estaba la infatigable Maribel. «No te preocupes», me insistió.

«Del viaje de ida y vuelta de la niña, su padre y el acompañante, me encargo yo… Estoy buscando ya una aerolínea que vuele directamente desde Nueva Delhi a Madrid, voy a sacar los billetes», concluyó la empresaria. Pero hubo más. Por mediación suya, el economista Juan Maldonado, de PwC, contactó con un compañero, el abogado Ravi en Nueva Delhi. Éste aceptó aceptó tramitar de manera desinteresada todo el papeleo para traer a Shalini, su padre y el acompañante. «¿Te parece bien?», remató Maribel. Se me puso un nudo en la garganta y no supe qué decirle.

Detrás de todo esto estaba su padre, Juan Francisco Martínez Rodríguez, al que tampoco yo conocía de nada y desde entonces llamo afectuosamente el Abuelo, un conocido empresario de Valencia, que le había sugerido a su hija que no escatimara medios para traer a Shalini: «Localiza al periodista y dile que a la niña no le faltará nada». Siete meses después y gracias a personas con una generosidad sin límites como la suya, las palabras de Juan Francisco, de 69 años, son la mejor radiografía de lo que hemos sentido todos desde el primer momento: «No sólo me conmovió la historia de Shalini, sino que imaginé el sufrimiento de esa madre, que día tras día también sufre la marginalidad que vive su hija y no puede hacer nada».

Los médicos sí pueden. Y se merecen ponerles nombres: el dermatólogo Enrique Herrera Ceballos, catedrático y jefe de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, Málaga; Antonio Tirado Carmona, oftalmólogo; José Manuel Sánchez Moyano, psiquiatra; Antonio Luis Cuesta, endocrinólogo; Carlos de Sola Earle, aparato digestivo; el cardiólogo Emilio González CocinaJuan Carlos Casado, otorrinolaringólogo; Daniel del Río Escola, medicina estética; Julio Millán, cirujano plástico; Juan Pérez Rodríguez, cirugía pediátrica; Juan Arocena García-Tapia, urólogo; Francisco Martínez Peñalver, internista; Alberto Urbaneja, radiólogo… Shalini volverá a su casa con la medicación gratis durante al menos un año gracias a la Farmacéutica Cantabria.